Para los seguidores del demente Peje López Obrador, afortunadamente cada vez más pocos pero desafortunadamente más violentos y gritones, todo se explica por medio del salinismo. Esa es la disculpa de la putrefacción de la vida de quien se dice presidente legítimo de México.
Así fue cuando se demostró la corrupción con que se llevaban las finanzas públicas cuando López Obrador fue jefe de Gobierno; el chantaje a los empresarios para financiar campañas políticas perredistas; los regalos costosos, como el reloj Tiffany, que el Peje aceptó fuera de la ley; el capricho de no aceptar la evidente derrota en las urnas; el financiamiento del gobierno del Distrito Federal para sostener el plantón de Reforma; el millonario acarreó del PRD; y el costoso tren de vida del Peje que vive rodeado de guaruras.
El periódico Milenio publicó una foto de Andrés Manuel López Beltrán, hijo del Peje, que ostentaba unos tenis Louis Vuitton de casi 12 mil pesos que ningún hijo de alguien que desde hace tres años no percibe un sueldo declarado puede pagar.
Otras fotos del mismo hijo del Peje, donde está en yate y en antros neoyorkinos, muestran los lujos que se dan los miembros de la izquierda exquisita, muy lejos de la austeridad pregonada por su padre.
Algunas plumas de consigna, como la de Federico Arreola, han dicho que esa es una situación que se vive en cualquier familia de clase media y que el muchacho es un estudiante de la UNAM que vive modestamente. Y Arreola, a falta de todo argumento, ha acusado de salinistas a Milenio y al periódico La Razón.
Al periodismo que los investiga le acusan de basura, como si la calificación fuera suficiente para explicar todo.
Hablan los pejistas de una supuesta campaña de descrédito contra su líder quien tiene probado crédito de arbitrario y mentiroso. Pero existe algo más aborrecible en su discurso al comentar que el hijo del Peje es de la UNAM, como si con eso se disculpara todo.
La UNAM no tiene por qué ser utilizada para lavar situaciones bochornosas como cuando unos estudiantes universitarios fueron a Ecuador a aprender tácticas guerrilleras con un grupo de narcotraficantes y murieron en el intento, y el adormilado Rector ofreció el apoyo del área jurídica a la sobreviviente; o como cuando La Jornada publicó que la UNAM está en pie de guerra para defender al extinto y de triste nombre Sindicato Mexicano de Electricistas.
La UNAM está por encima de quienes quieren ocultarse atrás de su escudo y de su historia.
Etiquetas: Periodismo, Periódicos, UNAM
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